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Las condiciones económicas, sociales y culturales que prevalecían en el último tercio del Siglo XIX en la Ciudad de México eran totalmente distintas a las que ahora nos toca vivir. Los empresarios que formaban parte de la Cámara en aquella época se enfrentaban a problemas y situaciones que podrían parecer triviales, pero que con el transcurso del tiempo, algunos no sólo no han desaparecido, sino que se han vuelto de difícil solución.

Las operaciones mercantiles que todos los días se realizaban a lo largo y ancho del país se hacían mediante el intercambio de mercancías por monedas que contenían oro y plata en sus aleaciones. Eran los tiempos en que estos metales preciosos tenían pleno poder liberatorio por el gran auge que tuvo la minería, aun cuando estaba en manos de empresas extranjeras.

Los niveles de instrucción escolar de la población eran mínimos, ya que las posibilidades de asistir regularmente a las escuelas se veían reducidas por la necesidad de contribuir al sostenimiento de los hogares.

La gran mayoría de los productos que se podían encontrar en los anaqueles de los establecimientos de la capital provenían del exterior. Quién no ha escuchado hablar acerca de la infinidad de mercancías del lejano oriente, principalmente de China, que llegaban por mar a los puertos mexicanos: las telas, ropa, encajes; los perfumes y vinos de Francia; las herramientas y productos de acero de Alemania y la maquinaria de los Estados Unidos, sólo por citar unos ejemplos. La incipiente industria nacional también requería en gran medida de la importación de materias primas y maquinaria para su operación.

La función del comercio de la Ciudad de México ha sido siempre hacer llegar a su clientela los productos que requiere, sin importar su procedencia, con tal de que sean adquiridos a precios accesibles y con oportunidad. Desde ese entonces, el comercio se ha distinguido por ser el primer generador de fuentes de trabajo, en donde casi cualquier persona con ganas de superarse puede encontrar una forma honesta de ganarse la vida. La imagen cotidiana en ese entonces era observar tiendas de todos tamaños, atendidas por diligentes empleados de mostrador.

Muchos y muy variados problemas, así como infinidad de sucesos, pueden comentarse en casi 134 años de existencia de nuestra institución, por lo que nos referiremos sólo a algunas de ellos

Durante los años de 1920 a 1925 la Cámara de Comercio de Veracruz y los importadores establecidos en el Puerto, enviaron cartas a nuestra institución, en las que plantearon fundamentalmente dos problemas: el primero relacionado con las dificultades que enfrentaban para surtir a los comerciantes del Distrito Federal, toda vez que los embarques depositados en la aduana de aquel lugar constantemente eran abiertos y sustraídas las mercancías. Estas mermas representaban pérdidas irrecuperables. El segundo asunto se refería a la prolongada huelga que paralizó el despacho de las mercancías.

Los quejosos indicaban que no obstante que dichas situaciones irregulares eran ya del conocimiento tanto de las autoridades encargadas de vigilar las aduanas como del propio gobernador,  no se daba ninguna solución, por lo que solicitaron el apoyo de la Cámara, a fin de obtener  respuesta satisfactoria a sus demandas.

Una vez analizados los asuntos por nuestra Cámara, se decidió remitir sendas comunicaciones al Presidente de la República y al gobernador del estado de Veracruz para solicitar su intervención y evitar, hasta donde fuera posible, se siguieran sustrayendo mercancías de importación del recinto aduanero, presumiblemente por empleados o estibadores desleales, que abusaban de sus funciones, así como el daño que causaba el conflicto que paró las actividades en la aduana. También se le hizo ver el riesgo de que los empresarios afectados, pudieran acudir a otros puertos para importar sus productos, lo que desde luego sería en detrimento de la actividad económica local.

El gobernador, sintiéndose directamente aludido, respondió  recriminando la actitud asumida por la Cámara y negó rotundamente lo que era un secreto a voces: que la desaparición de mercancías en la aduana del Puerto de Veracruz era un asunto cotidiano. Hubo entonces la necesidad de enviarle una segunda comunicación en la que se explicaba que la intención no era faltar al respeto a su alta investidura, sino atender una sentida demanda de los afectados, analizar las pruebas y, si era el caso, poner en práctica medidas o acciones correctivas.

Poco tiempo después, la comunicación con aquellos funcionarios públicos se hizo más fluida y los resultados de esta relación dio interesantes frutos. Finalmente, el señor Presidente, en repetidas ocasiones solicitó nuestro punto de vista sobre algún tema relacionado con el comercio. ¿Sus nombres? El Gobernador: General Heriberto Jara Corona. El Presidente: General Plutarco Elías Calles.

También cabe destacar que durante la Revolución Mexicana, la Cámara de Comercio de la Ciudad de México participó activamente para evitar el desabasto de la ciudad y la especulación con el precio de los bienes de consumo.

Los comerciantes de la Ciudad de México, como ciudadanos, también han dado palpables muestras de solidaridad para con sus semejantes que han sido víctima de fenómenos naturales, como inundaciones o sismos.

Es el caso que diversas poblaciones de los estados de Nayarit, Jalisco, Chiapas y Tabasco, por citar algunos. A lo largo de la historia, dichas poblaciones se han visto seriamente afectadas por el desbordamiento de los ríos que cruzan sus territorios que han provocado serios daños a los asentamientos urbanos. Otro fenómeno natural que ha causado estragos en los centros de población son los terremotos, que en la década de los 20 ocasionaron el derrumbe de inmuebles, dejando en el desamparo a infinidad de habitantes de Acámbaro, Guanajuato.

Nuestra Cámara se dio a la tarea de organizar colectas entre los comerciantes afiliados, quienes de manera generosa y comprometida respondieron con donativos en dinero y en mercancías, mismos que de inmediato se canalizaron por medio de la Cámara de Comercio de la localidad o a través de las autoridades.

Es importante recordar el año de 1968, año difícil para la Ciudad de México y para el país en su conjunto. En ese entonces y bajo la presidencia de don Alfredo Santos Mazal, la Cámara jugó un papel muy importante para impedir que los comercios cerraran y contribuyó al proceso de normalización de la vida cotidiana en la ciudad, contrarrestando los mensajes negativos que se enviaban al extranjero.

Para la década de los 80 se da un auge petrolero que beneficia las expectativas de nuestro país, y esto constituye la base del resurgimiento de México a la recuperación económica, con la confianza adquirida por las exportaciones del petróleo.  Se inicia una etapa de privatización de las empresas paraestatales, y una política económica que se apega al modelo de libre mercado interno y externo, donde se redujeron  los aranceles a las importaciones y se eliminaron las barreras no arancelarias; México se adhiere al GATT, hoy OMC, en 1986.

En la década de los 90 se firma el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, que invita a los inversionistas extranjeros a traer sus capitales a nuestro país, para utilizarlo como plataforma de exportación hacia nuestros vecinos del norte y aprovechar las potencialidades que brinda la complementariedad económica entre los países miembros, para lograr una mayor competitividad internacional, sobre todo ante la Unión Europea y Japón

Actualmente, el gobierno mexicano trabaja en reformas estructurales tales como, la reforma energética y la laboral, para  avanzar  hacia el desarrollo integral del país.

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